Teatro Eléctrico

En Obras 3ª Temporada


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Otro par de Azulejos

Azulejo-20

 

Azulejo-20b

 

 

Azulejo-21

 

Azulejo-21b

 

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Azulejos nºs 20 y 21

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Los Perros

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CC-LPerrosLos hermanos Pérez Ros actuaron por primera vez el 18 de Diciembre de 1971 en el Instituto Politécnico de Valencia. La hora fue a las doce de una mañana fría, muda y con sol incipiente. La asistencia, una multitud de adolescentes en su mayor parte de la misma Politécnica donde los cuatro Ros se dispersaban por sus distintas aulas de bachillerato.

Ramón Ros contaba por entonces 17 años y era el mayor de ellos; tras él, los gemelos Ros, un año más jóvenes y, por último Álvaro, con sus 15 años recién estrenados.

Fue en el 73 cuando apareció su primer single en el sello GSV (Grabaciones Sincrónicas Vegetales) que acababa de fundar yo mismo. Los Perros fue el primer grupo que grabó en unos estudios tan mínimos que fue un verdadero milagro la aparición del pequeño vinilo de color verdoso mascota de la colección. Así asomó “Baila con…” que contenía dos canciones “Días Feroces” y “La Vida Muda”. De este modo comenzó la vertiginosa carrera musical de Los Perros. Siguieron dos años de un sonido inclasificable y único, algo así como si alguien no parara de lanzar muebles desde una ventana al adoquinado parduzco de la calle procurando darle a los transeúntes. Después, la tragedia, la muerte de los Perros en un desgraciado accidente automovilístico.

Discografía Completa-

          “Días Feroces” y “La Vida Muda” (1973)

          “Mónica” (versión huidiza de un tema de The Kinks) y “Lava” (1973)

          “Rip” 1 y 2 (1974)

          “Epileptic Beat Show” (1974)

Fue en 1976 cuando, a titulo póstumo, apareció un cassette  con directos del grupo que titulé “Los Perros Muertos” que se vendió más bien poco.

Y ya en 1982, en edición limitada de diez ejemplares en vinilo crema, “Perros Inéditos” que casualmente encontré traspapelados cuando vendí los restos del estudio poco antes de ingresar en la cárcel de Picasent siendo yo, claro, inocente.

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Camelias 3ºB

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Camelias-texBueno, cerca del puerto, junto a él, para ser exactos, ya se sabe, está el prostíbulo. Pasaba por allí todos los días hacia el colegio. Me paraba un buen rato ante el ultramarino por fascinarme con los dorados reflejos verdes y azules que asomaban en los cuellos de las perdices, que colgaban, muertas y emplumadas, en fieros ganchos expuestos a la entrada de la tienda. Arriba, en el primer piso, andaban las rameras.

Bueno, más que andar daban saltitos, de alegría, porque ya la nocturna clientela yacía en otros catres. Los de los paquebotes, con sus marineros mullidos en cogorzas, aguardando la nueva calentura. Tampoco los cabezas de familia regateaban ya esas sus monedas; eran los primeros en partir hacia sus hogares, sus bendecidos tálamos nupciales, para que sus esposas les preparaban infusiones tónicas, puesto que tornaban fatigados y jadeantes con un acre olor a esperma – Mucho trabajo, Asunción. No he cerrado la tienda hasta hace nada. El domingo te llevaré al Ruzafa – Entonces a Asunción ya le ardían sus erógenas nalgas y la boca se le hacía  agua pensando en la radiante cena en Casa Cesáreo. Después, el polvo del macho. Así es el amor cuando el diario ajetreo es la vida.

Total, que arriba estaban las putas y abajo un servidor, contemplando tordos y rosados conejos, manojos de irisados ajos tiernos y alguna que otra lata de atún recién abierta reverberando espléndida al sol naciente.

Como era fijo en la contemplación de los increíbles verdes de las alcachofas, lonchas ocres de fiambre o acaobadas cecinas de León, alguna de las putas me pedían recados – Oye niño, me subes la leche – Oye niño, pregúntale a Anselmo si ya ha cortado la caspa de torero ( así le decían a las sobras de los jamones cortadas a diminutas lascas)

Y me adentraba en Camelias con los recados de las mujeres y echaba una ojeada al radiante local donde descansaban todos los colores exhaustos. Después me besaban en la frente y llegaba justo a la clase de catecismo.