Teatro Eléctrico

En Obras 3ª Temporada


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Tebeos Crudos – Entrega 5

Portada-CEmilio Gallart murió desconsolado en el preciso momento, aún vivo, en el cual el sentido del vivir se esclarece crudo, breve instante, fugaz, efímero, cuando el paso hacia la muerte, una vez dado, todo lo borra. Saber y olvidar, descubrir y, al cabo, ignorar. Así deambulaba por la calle Avellanas todos los domingos, con cara de repetido cromo levemente pisado en breve huella de goma de aquel zapato con suela color cartílago barato. Hacia el Rastro, donde los colores de la vejez se aireaban entre el gentío y el murmullo de los libros azotaba a las parturientas, pocas, que se aventuraban a por el niño saldado y el bebé desconchado que resultaba falso y mudo.

A Emilio lo percibíamos pocos, el gentío no suele reparar en los muertos y se abisma en el muerto, el supremo hacedor que disuelve; en lo gregario, que se busca en las miradas otras que, a su vez, rebotan muertas. Triste Emilio, con su fajo de Razas de Ediciones Ferca, la genuina.

Murió el primogénito de los Gallart de tristeza aguda, que ataca al píloro, a las puertas del intestino delgado, sin saber cuándo cerrar o abrir la llegada de alimentos aún sin digerir. Porque una cosa es el producto defecado, ya digerido, apreciado como el yo. Y otra muy distinta la masa por desbravar, el ingenio de la mezcla.

Cuando el proceso de digestión gástrica ha finalizado, el píloro se abre. Y Emilio siempre llegaba tarde. Pues esas destrezas se aprenden el la calle y no el cuarto en que lo confinaba su progenitor para alabar, juntos, al señor.

Un día color caucho nos fuimos de aventura, Emilio y yo. Y le adosé unas pinzas a la comisura de sus labios por apagar su tristeza. De Putas, Emilio -le dije- especialistas en píloros de muerto. A cambió le pedí seis cromos del álbum de Ferca, el genuino, para nuestros gastos. Emilio recobró el rosado de sus mejillas, mala señal. Pues el muerto gástrico cuando pretende vivir se arrebola y el colorete le asoma como si el pecado fuera un manjar indecente. Bajamos la calle del Pino y enfilando la plaza del Muerto nos presentamos en La Chata. Mírala bien -le dije- que las columnas del Partenón la tomaron como ejemplo y los juegos florales la disimulan venerada.

Mira por donde, casualidades, su padre salía del local, arremangándose la cremallera, aún con la cenefa del luto paternal y un lamparón colosal. Emilio se ruborizó, mala señal. Son los rezos postmortem -le dije- su expiación. Pero ya era tarde, Emilio corría calle abajo, hacia el infierno del reproche. Y yo allí, plantado como un pasmarote, con los cromos, los genuinos, con aquella Bengalí mirándome con sus ojos de cuatricomía satinada. A mi lado pasó don Emilio senior. Qué haces que no estás en el colegio -me dijo- yo a tu edad ya sabía del cálculo infinitesimal- apostilló.

Pobre Emilio, que aún recorre catedrales en busca de limosnas.

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Tebeos Crudos – Cromos nº – 17 a 20

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Los Perros

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EP-04

CC-LPerrosLos hermanos Pérez Ros actuaron por primera vez el 18 de Diciembre de 1971 en el Instituto Politécnico de Valencia. La hora fue a las doce de una mañana fría, muda y con sol incipiente. La asistencia, una multitud de adolescentes en su mayor parte de la misma Politécnica donde los cuatro Ros se dispersaban por sus distintas aulas de bachillerato.

Ramón Ros contaba por entonces 17 años y era el mayor de ellos; tras él, los gemelos Ros, un año más jóvenes y, por último Álvaro, con sus 15 años recién estrenados.

Fue en el 73 cuando apareció su primer single en el sello GSV (Grabaciones Sincrónicas Vegetales) que acababa de fundar yo mismo. Los Perros fue el primer grupo que grabó en unos estudios tan mínimos que fue un verdadero milagro la aparición del pequeño vinilo de color verdoso mascota de la colección. Así asomó “Baila con…” que contenía dos canciones “Días Feroces” y “La Vida Muda”. De este modo comenzó la vertiginosa carrera musical de Los Perros. Siguieron dos años de un sonido inclasificable y único, algo así como si alguien no parara de lanzar muebles desde una ventana al adoquinado parduzco de la calle procurando darle a los transeúntes. Después, la tragedia, la muerte de los Perros en un desgraciado accidente automovilístico.

Discografía Completa-

          “Días Feroces” y “La Vida Muda” (1973)

          “Mónica” (versión huidiza de un tema de The Kinks) y “Lava” (1973)

          “Rip” 1 y 2 (1974)

          “Epileptic Beat Show” (1974)

Fue en 1976 cuando, a titulo póstumo, apareció un cassette  con directos del grupo que titulé “Los Perros Muertos” que se vendió más bien poco.

Y ya en 1982, en edición limitada de diez ejemplares en vinilo crema, “Perros Inéditos” que casualmente encontré traspapelados cuando vendí los restos del estudio poco antes de ingresar en la cárcel de Picasent siendo yo, claro, inocente.

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