Teatro Eléctrico

En Obras 3ª Temporada

Tebeos Crudos – Entrega 4

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Le llamábamos El Pavo, y era marino, porque un enorme bocio le pendía en su papada como si se le hubiese adherido un exótico y macilento animal traído de ultramar, ocre y naranja, verdoso y azulado en el cráter de sus puntas. Andaba erguido y tieso, mirada al frente, imperturbable.

Vivía arriba de casa y se dejaba ver de cuanto en cuanto, en los permisos entre travesías. Reparaba y mantenía a punto el preciso engranaje de la maquinaria de su barco y, también, cierta nostalgia de tierra firme le hacía leer y releer a Galdós como un enamorado transporta la fotografía de su amada coja. Sin embargo era soltero, se suponía, porque apenas hablaba con el vecindario y un escueto “buenos días” certificaba que no era mudo.

Pero lo que a nosotros nos maravillaba era su balcón repleto de conchas de tortuga que aumentaban a cada regreso del mar. Y en cada uno de los caparazones guardaba un cromo. Que robábamos con ansia lanzando un gancho al balcón para engarfiar las conchas. También se lo llenábamos de inmundicia, cualquier basura servía.

El año anterior a su definitiva desaparición, el Pavo, alojó a una mujer en su domicilio. Pepita era su nombre. Dicharachera y gruesa, de mirada azul y senos bíblicos.  Madre de tres niños muertos que deambulaban por las azoteas dibujando con tiza en las paredes barrocas láminas de anatomía quirúrgica.

Pero Pepita, bien viva, pasaba la escoba al balcón y, de paso,  arrojaba cromos e inmundicia al patio ajardinado en lluvia indecente, a decir de las demás señoras que habitaban el inmueble, para hacer sitio a sus enormes bragas recién lavadas como las velas con encajes de un palio. Es una guarra, decía la vecina; es una puta, decía la borracha. Pero a nosotros nos parecían el velamen sagrado del viaje a la vida.

Pronto congraciaron con todos nosotros sus hijos muertos. Que nos dieron parte de excelsos lupanares frecuentados por fascistas y retoños de industrial. Nos repasaban las múltiples enfermedades que otorga el pecado y nos dijeron de cromos de ovarios que pululaban por el pecaminoso extranjero que no adoraba a las vírgenes.

Por hacer una prueba, cierto día, descalabramos a uno de los niños muertos. Y pudimos observar que entre su masa encefálica habitaba el cielo.

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Coleccionables – Cromos #1 – Tebeos Crudos (cromos 13-16)

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Autor: micharmut

ectoplasma sólido

2 pensamientos en “Tebeos Crudos – Entrega 4

  1. ” cierta nostalgia de tierra firme le hacía leer y releer a Galdós como un enamorado transporta la fotografía de su amada coja”… estas cosas son las que enamoran… estas y la sustancia de sus recuerdos del purgatorio primero…

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