Teatro Eléctrico

En Obras 3ª Temporada


2 comentarios

Camelias 3ºB

Camelias-01

Camelias-02

Camelias-03

Camelias-04

Camelias-texBueno, cerca del puerto, junto a él, para ser exactos, ya se sabe, está el prostíbulo. Pasaba por allí todos los días hacia el colegio. Me paraba un buen rato ante el ultramarino por fascinarme con los dorados reflejos verdes y azules que asomaban en los cuellos de las perdices, que colgaban, muertas y emplumadas, en fieros ganchos expuestos a la entrada de la tienda. Arriba, en el primer piso, andaban las rameras.

Bueno, más que andar daban saltitos, de alegría, porque ya la nocturna clientela yacía en otros catres. Los de los paquebotes, con sus marineros mullidos en cogorzas, aguardando la nueva calentura. Tampoco los cabezas de familia regateaban ya esas sus monedas; eran los primeros en partir hacia sus hogares, sus bendecidos tálamos nupciales, para que sus esposas les preparaban infusiones tónicas, puesto que tornaban fatigados y jadeantes con un acre olor a esperma – Mucho trabajo, Asunción. No he cerrado la tienda hasta hace nada. El domingo te llevaré al Ruzafa – Entonces a Asunción ya le ardían sus erógenas nalgas y la boca se le hacía  agua pensando en la radiante cena en Casa Cesáreo. Después, el polvo del macho. Así es el amor cuando el diario ajetreo es la vida.

Total, que arriba estaban las putas y abajo un servidor, contemplando tordos y rosados conejos, manojos de irisados ajos tiernos y alguna que otra lata de atún recién abierta reverberando espléndida al sol naciente.

Como era fijo en la contemplación de los increíbles verdes de las alcachofas, lonchas ocres de fiambre o acaobadas cecinas de León, alguna de las putas me pedían recados – Oye niño, me subes la leche – Oye niño, pregúntale a Anselmo si ya ha cortado la caspa de torero ( así le decían a las sobras de los jamones cortadas a diminutas lascas)

Y me adentraba en Camelias con los recados de las mujeres y echaba una ojeada al radiante local donde descansaban todos los colores exhaustos. Después me besaban en la frente y llegaba justo a la clase de catecismo.


2 comentarios

Los minutos sin pies

marchante-los-minutos-sin-p

Tras sus “Días Nieve…”  1 y 2 , Francisco Marchante nos abre su caja de tesoros para que la magullada vista del lector descanse entre sus meandros cerebrales. Un lugar apacible y mágico donde se encuentra lo que no se busca, se ve lo que sucede a nuestro alrededor sin que lo apreciemos y se degusta el trazo que los desiertos nos dejan a la espalda.

La isla responde al nombre de “Los minutos sin pies” un blog recomendable para gentes sin prisas, acariciadores de las muchas vidas y microfísicos de la nada… es decir, los paraísos evanescentes del Tebeo.

La huella de los días a su alcance.

marchante-los-minutos-sin-p

——-


2 comentarios

Tebeos Crudos – Entrega 4

Página-TC-02-SERIE-A

Le llamábamos El Pavo, y era marino, porque un enorme bocio le pendía en su papada como si se le hubiese adherido un exótico y macilento animal traído de ultramar, ocre y naranja, verdoso y azulado en el cráter de sus puntas. Andaba erguido y tieso, mirada al frente, imperturbable.

Vivía arriba de casa y se dejaba ver de cuanto en cuanto, en los permisos entre travesías. Reparaba y mantenía a punto el preciso engranaje de la maquinaria de su barco y, también, cierta nostalgia de tierra firme le hacía leer y releer a Galdós como un enamorado transporta la fotografía de su amada coja. Sin embargo era soltero, se suponía, porque apenas hablaba con el vecindario y un escueto “buenos días” certificaba que no era mudo.

Pero lo que a nosotros nos maravillaba era su balcón repleto de conchas de tortuga que aumentaban a cada regreso del mar. Y en cada uno de los caparazones guardaba un cromo. Que robábamos con ansia lanzando un gancho al balcón para engarfiar las conchas. También se lo llenábamos de inmundicia, cualquier basura servía.

El año anterior a su definitiva desaparición, el Pavo, alojó a una mujer en su domicilio. Pepita era su nombre. Dicharachera y gruesa, de mirada azul y senos bíblicos.  Madre de tres niños muertos que deambulaban por las azoteas dibujando con tiza en las paredes barrocas láminas de anatomía quirúrgica.

Pero Pepita, bien viva, pasaba la escoba al balcón y, de paso,  arrojaba cromos e inmundicia al patio ajardinado en lluvia indecente, a decir de las demás señoras que habitaban el inmueble, para hacer sitio a sus enormes bragas recién lavadas como las velas con encajes de un palio. Es una guarra, decía la vecina; es una puta, decía la borracha. Pero a nosotros nos parecían el velamen sagrado del viaje a la vida.

Pronto congraciaron con todos nosotros sus hijos muertos. Que nos dieron parte de excelsos lupanares frecuentados por fascistas y retoños de industrial. Nos repasaban las múltiples enfermedades que otorga el pecado y nos dijeron de cromos de ovarios que pululaban por el pecaminoso extranjero que no adoraba a las vírgenes.

Por hacer una prueba, cierto día, descalabramos a uno de los niños muertos. Y pudimos observar que entre su masa encefálica habitaba el cielo.

Tebeos-crudos-013

Tebeos-crudos-014

Tebeos-crudos-015

Tebeos-crudos-016

Página-TC-02-SERIE-A

Álbum – Página 2

——-

Coleccionables – Cromos #1 – Tebeos Crudos (cromos 13-16)